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Nuestra máxima responsabilidad: nuestra propia vida

Publicado en: dic. 7, 2015
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“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”

– Albert Einstein

Por: Francisco H. Andrade

El último trimestre de cada año nos trae el ambiente festivo de la Navidad y del Fin de Año y junto con ello,  en el mundo de la empresa, se tiene la necesidad de “hacer cuentas” de lo logrado y sus frutos, de lo no logrado y sus consecuencias y, en fin, de tener la medición cuantitativa y cualitativa de los resultados de un ejercicio fiscal más que termina, todo ello con el deliberado propósito de poder determinar la situación en la que se está a fin de poder planear las acciones estratégicas a tomar durante el siguiente año en la búsqueda de los propósitos y objetivos institucionales de cada caso: habrá que revisar, a la luz de las nuevas realidades de un entorno socio-económico siempre cambiante, las diferentes áreas de la organización de que se trate, puesto que seguramente algunos aspectos que fueron válidos hace un año hoy no tengan sentido, al mismo tiempo de las nuevas oportunidades y amenazas que el hoy depare. Sin menoscabo de los seguimientos y revisiones que diariamente, semanalmente, mensual o trimestralmente se hayan hecho en el transcurso del año, esta “sacudida completa” que se le da a la organización en su conjunto es indispensable porque no hay que olvidar que su máximo objetivo institucional es permanecer competitiva y rentablemente en sus mercados y el riesgo de ser superados por la competencia y desaparecer siempre está presente…

Este preámbulo me lleva a plantearles mis siguientes consideraciones: a).- ¿Qué tipo de revisión o “sacudida completa” hacemos en relación con nuestra vida personal y profesional –en ese orden? Sin demérito de la jerarquía o importancia que tenga nuestra posición personal dentro de la organización en la que nos desempeñemos, b).- ¿Tenemos conciencia de que nuestra empresa más importante es nuestra propia persona?,c).- ¿Tenemos presente que nuestra relación profesional con la organización a la que pertenecemos está fincada en nuestras contribuciones productivas a sus objetivos institucionales y que, de llegar a disminuir o desaparecer las mismas, nos darán las gracias?...

Stephen R. Covey, en su libro “los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, al hablarnos del “séptimo hábito” nos dice textualmente: “Significa renovar las cuatro dimensiones de su naturaleza: la física, la espiritual, la mental y la social/emocional".

                                                                                           

 

 

Como está en el centro de nuestro centro de influencia, nadie puede hacerlo por nosotros. Debemos hacerlo nosotros mismos. Esa es la inversión más poderosa que está a nuestro alcance en la vida: la inversión en nosotros mismos, en el único instrumento con que contamos para vivir y realizar nuestra aportación. Nosotros somos los instrumentos de nuestra propia ejecución, y para ser efectivos debemos reconocer la importancia de dedicar tiempo regularmente a afilar la sierra en las cuatro dimensiones”…

Vivimos en un mundo en que parece que el paradigma es: “rápido aunque no sirva”, es tanto el frenesí de nuestro actuar que no deja de ser muy frecuente el que se actúe y después se piense en el porqué de tal actuación al ver los resultados; se corre todo el día y parte de la noche y se termina no haciendo aquello que era lo más importante “por falta de tiempo”… Mientras no tengamos el hábito de fijar prioridades y la voluntad férrea para respetarlas, estaremos siendo esclavos de lo urgente y dejando de lado lo importante… ¡Piénsalo!... Las cuatro áreas o dimensiones de nuestra vida que menciona Covey, deben marchar en forma equilibrada, cualquier desequilibrio deteriora el todo a lograr: no es cierto que con salud física y conocimientos al día baste, si no tenemos una vida fincada en nuestros valores espirituales y morales y no tenemos facilidad en nuestras relaciones sociales, seremos un fracaso y tampoco es que seamos muy espirituales y grandes comunicadores, si tenemos problemas de salud y estamos obsoletos en nuestro saber… Hace algunos días me llamó la atención la promoción en la TV de un taller de “alimentación holística” que en buen romance ofrecía prácticas de cambios en los hábitos de alimentación del cuerpo, conferencias y prácticas para alimentar el espíritu, mejoramiento de nuestras prácticas de interacción con los demás y de cómo alimentar la mente; me hizo recordar lo que nos dijo Cristo Jesús hace ya más de 2000 años: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, por sabido es olvidado…

Se dice y con razón que “crecer siempre duele”, porque nos cuesta mucho trabajo cambiar todo aquello que ya no nos funciona en el hoy de nuestra vida e incluso pueda estar oponiéndose a lo que hoy debe ocuparnos: no cabe duda que los retos que hoy nos plantea la vida nos exigen seguir aprendiendo permanentemente y en muchísimos casos aprender a desaprender porque hoy vivimos inmersos en tales cambios que lo que ayer nos funcionó hoy hasta puede llegar a perjudicarnos, así que la experiencia, en muchos casos, lejos de ser un activo es un lastre que nos detiene… Yo soy un convencido que el primer paso de una larga marcha hacia el futuro es tener muy en claro qué es lo qué se quiere SER a fin de tener en ello el acicate, la fuente de motivación que mantenga “nuestros motores encendidos” de tal manera que en cuerpo, mente y espíritu, congruentemente respondamos a tal propósito, la fuerza de voluntad con que se busca lo que realmente se quiere está siempre por encima de cualquier dificultad –que siempre estará presente- que haya que enfrentar; a este respecto nos dice Albert Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”… Todo está en nuestras manos, asumamos con madurez nuestra responsabilidad por nosotros mismos, dejemos de culpar a la mala suerte, al gruñón exigente de nuestro jefe y hasta a Peña Nieto de lo que nos pasa o deja de pasar, las posturas infantiles con las que se pretende ocultar nuestros fracasos nos aleja de nuestra realidad, realidad que nos exige de una madurez capaz de reconocer nuestros errores como primer paso para ser capaces de enmendarlos… tenemos en nuestras capacidades mentales, emocionales, físicas y sobre todo espirituales, todo lo necesario para planear nuestras vidas y lograr los propósitos de corto, medio y largo plazo que nos fijemos: no nos perdamos en banalidades, sin dejar de saber divertirnos, no perdamos tiempo en lo que no lo amerita, vivamos con equilibrio… Termino con una frase que se atribuye a Carlos Slim: “Que tu voluntad sea más fuerte que todas tus debilidades”… ¡salud!....Ω…

Para comunicarse con el autor: fhandrade@tress.com.mx

Referencias:

(1)   Stephen R. Covey, “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”; Paidós Plural 


 

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Francisco Andrade

Francisco AndradeFrancisco Andrade

Incansable lector y analista de su entorno social por naturaleza. De manera independiente publica sus ideas y conceptos para sus lectores de México en el “newsletter” semanal “Las reflexiones de Francisco”.

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