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Orientación a Resultados: práctica que conduce al éxito
    
Aportación: Francisco H.  Andrade, Consultor


“en una organización la “moral” no alude al hecho de que “la gente sabe convivir”; la prueba es el desempeño,  no el conformismo”  Peter F. Drucker

-no me digas cuánto trabajas; háblame de los resultados que obtienes-

Las épocas de mercados protegidos que ofrecieron muy amplios márgenes de utilidad que vivieron las empresas mexicanas hasta los últimos años de la década de los 80’s, se han ido para seguramente nunca más volver…y aunque todos tenemos claro que ante situaciones diferentes se debe de tener un nuevo comportamiento, todavía es muy frecuente encontrarnos con actitudes y prácticas que no responden a las exigencias de nuestra actualidad dominada por una despiadada competencia en todos los órdenes; como manifestación de ello  es la permanencia de una cultura laboral –de la que la empresa no es ajena- que continúa fomentando la mediocridad por sostener como regla el estar y no el lograr

Para crear y mantener una alta moral en cualquier organización, no basta con escribir los llamados valores institucionales y hacer que todos los memoricen; es indispensable traducirlos en acción, convertirlos en prácticas que conformen el ser y el quehacer de la organización y de sus integrantes; algunas de tales prácticas son, entre otras, las siguientes:


::::: Prácticas :::::


Orientación a resultados:
El que la organización se fije elevados niveles de desempeño y exija lo mismo de sus gentes, es un requisito fundamental en la formación de equipos de trabajo exitosos; para todos los involucrados debe quedar muy en claro el que la mediocridad, el conformismo, no tienen cabida…  es una grave responsabilidad del supervisor o jefe inmediato el establecer, desde un principio –a manera de bienvenida- y con toda claridad lo que se espera de él o ella y cómo será medido o evaluado, ya desde los años 60’s Douglas McGregor (1) lo establecía como parte de las condiciones para un mando efectivo. Para la definición de las responsabilidades (de lo que va a responder), dejar que cada quien establezca sus propias expectativas y metas dentro del marco general que para ello le fije la organización,  es una práctica que reditúa grandes frutos: cuando los propios involucrados fijan sus metas, éstas tienden a ser más altas que cuando son los jefes quienes las dictan. Junto a lo anterior, el otro factor importante es la exigencia…Se obtiene lo mejor de los individuos cuando –sin perder la objetividad-, se les pide algo más de que lo que ellos piensan que pueden dar: se les exige. (2)
El fijarse elevados niveles de desempeño no quiere decir tener siempre éxito, no equivocarse, no, significa no conformarse, buscar los resultados aún a riesgo del fracaso: “peor que muchos fracasos –dice José Narosky- son pocos intentos”. La falta de una actitud adecuada ante el riesgo –siempre presente en la vida- puede llevar a la parálisis; detrás de “la bandera” de ser conservadores, muy frecuentemente se ocultan los mediocres que siempre ven “el vaso medio vacío”…
“la tentación constante de todas las organizaciones es la mediocridad sin riesgos. El desempeño es más bien la capacidad consecuente de producir resultados en períodos prolongados de tiempo y en una diversidad de tareas. Un registro de desempeño debe incluir errores. Y también fracasos. Debe revelar las limitaciones tanto como las virtudes de un individuo”
(3)

Orientación a oportunidades y no a problemas:
Desde luego que hay que atender y resolver los problemas, no se trata de ignorarlos, pero cuando es esa la orientación, se tiene una organización a la defensiva y con ello un ambiente de temor que impide la identificación de oportunidades; todos están muy preocupados cuidándose de no caer en alguna falla y provocar problemas y se conforman con lo que tienen porque “pudieran estar peor”…Cuando en congruencia con la orientación a resultados, en la conducta de la organización son las oportunidades las que ocupan el primer lugar, se crea un clima de entusiasmo, de excitación, de competencia, de logro…Pero no basta con ser grandes “identificadores de oportunidades” sino que la administración cuide y exija que éstas se conviertan en resultados.

Recursos Humanos:
Mucho más que el manejo de  los presupuestos, de las metas y de los  informes periódicos, son las decisiones en materia de Recursos Humanos las que realmente comunican a todos los integrantes de la organización lo que los jefes buscan, valoran y recompensan. El ser congruente entre lo que se predica y lo que se practica, sobre todo tratándose de la administración de sus Recursos Humanos, es una práctica que por obvia no pareciera ameritar mayor comentario, sin embargo, lamentablemente son mucho muy frecuentes los casos en los que esto no se hace realidad; no hay nada que lastime tanto y tan profundamente como el que los propios jefes traicionen sus proclamas y creencias al decir una cosa y hacer otra…Si verdaderamente se quiere un ambiente de trabajo orientado a resultados y a oportunidades, debe ser el desempeño tenido lo que determine la ubicación, la retribución, los ascensos y los despidos de la gente…
 
Es muy generalizado el hecho de que la Dirección se preocupe y participe directamente en las decisiones que tienen que ver con las gentes del primer nivel y descuide, dejándolas totalmente en otras manos, las relativas al nivel medio que es donde está realmente la administración de la organización, siendo por ello tales decisiones las que tienen un mayor valor simbólico, todos están al pendiente de ellas y transmiten una señal para toda la organización: “esto es lo que la empresa desea, recompensa y reconoce”…
“la empresa que afirma “esperamos de nuestros supervisores de primera línea la práctica de las relaciones humanas”, y que después asciende invariablemente al supervisor que prepara en tiempo y eficazmente todo el papeleo, no obtendrá “relaciones humanas”. Incluso el capataz más obtuso aprende muy pronto que en realidad la empresa desea que se preste particular atención al papeleo”
(3)

Integridad:
La prueba máxima y definitiva de un ambiente de alta moral en la organización, lo es la integridad en que, como piedra angular, descanse…Quien procede con dobleces nunca podrá inspirar la confianza indispensable para el nacimiento y crecimiento de relaciones humanas saludables; exigir respeto y no respetar, exigir de los demás y no exigirse a sí mismo y en fin, decir una cosa y hacer otra, son algunas de las manifestaciones que hacen que el no íntegro sea –secreta o abiertamente- repudiado y por supuesto no seguido…
“el carácter no es algo que el individuo pueda adquirir; si no lo aporta al cargo, jamás lo tendrá. No es algo acerca de lo cual pueda engañarse a la gente. Los hombres con quienes un individuo trabaja, y sobre todo sus subordinados, saben en pocas semanas si tiene o no integridad. Pueden perdonar mucho a un hombre; incompetencia, ignorancia, inseguridad, o malos modales. Pero no le perdonarán su falta de integridad. Y tampoco perdonarán a la dirección empresaria que lo eligió.”
(3)

No es con sermones, ni con predicaciones, aunque éstos no están por demás, es con prácticas, con los hechos del día con día, con los que se construye una organización de éxito. Es así como la Dirección puede tener control de lo que se quiere lograr y lograrlo; todos deben entender que pertenecer a un grupo de trabajo exitoso significa el compromiso de contribuir con el máximo desempeño y para ello se deberá tener una gran exigencia de sí mismo…Sólo quienes tienen ese concepto de superación personal debieran ser los invitados a participar.

No es –puede ser parte- tan sólo un problema de selección, sino de la formación que la gente que llega a la empresa va teniendo con la convivencia diaria, con las directrices que le son fijadas, con la conducción de sus superiores, con las “señales” que recibe en el día con día: si el mensaje que se le dá es el que lo que mayormente se espera de él es su obediencia –virtud que debiera estar siempre presente-, su docilidad,  lo que seguramente se tendrá es un ambiente de mediocridad y conformismo. ¿Es de esperar que quien es una “oveja” al obedecer a sus superiores, sea “un tigre” al actuar en el mercado?... “en la empresa, salvo valiosas excepciones, la virtud máximamente exigida y máximamente pagada es la docilidad, que se degrada por ello en sometimiento. El empleado –por razón de sus apremios vitales- se ha empequeñecido a sí mismo al punto de llegar a creer que su misión en el trabajo es la del animal domesticado: hacer lo que diga el amo. (Esta servil conducta, digámoslo marginalmente, se transplanta frecuentemente a la vida familiar, con el agravante de que ahí los hijos ya tienen resueltas las exigencias vitales que apremian al empleado y por ello surge más pronto la protesta.)” (4)

Para comunicarse con el autor: fhandrade@hotmail.com


::::: Bibliografía :::::

      (1) Douglas McGregor: “Mando y Motivación”; Editorial Diana.
(2) Nathaniel Branden: “El poder de la autoestima”; Editorial Paidós.
(3)
Peter F. Drucker: “Management, tasks, responsibilities, practices”; Harper & Row, Publishers.
(4) Carlos Llano: “El empresario y su acción”; Mc-GRAW-HILL.